Triste y Tropical #36

Camila Caamaño
15 min readDec 31, 2023

02
Soy tan expresiva que me olvido lo que ofrezco
Lucía Seles

Desprecio tu modo de vivir
A la fecha, este año:
21 obras de teatro
77 libros
157 películas

Ni un resumen, ni mucho menos un ranking, tampoco una enrrostrada intelectualoide. El dato que mejor me hace de esos es el de la cantidad de obras que pude ir a ver. Con el teatro tengo un vínculo particular básicamente porque es la parte de la cultura que menos parece importarle a la gente. Por eso es la que más cuesta llevar adelante y en donde es más fácil percibir esa entrega por parte de quienes la hacen posible. Los vastos recursos, la relativa — si es que todavía existe — entrada barata, la no menos relativa intimidad entre la obra y el espectador. Lo vieja que suena la palabra espectáculo, aunque a veces me obligue a usarla para tener un sinónimo. Conozco muy pocas personas a las que les guste ir al teatro, así que a casi todas fui sola. La gente es más desconfiada que con cualquier otro plan. Cualquiera puede tolerar ver una película que no le interesa por acompañar a alguien, pero si se trata del teatro necesitan argumentos más extensos que prospecto médico. Esto mismo fue dicho en la edición anterior del newsletter pero: siento que contabilizar el consumo cultural lo devalúa en cierta medida. La competición devela la pérdida de la fascinación ante el objeto (recién termino de leer Middlesex y me resulta raro escribir/leer “el objeto” con minúscula), en esos resúmenes anuales se pelean como numeritos a punto de ser clasificados. Números que como todo, son relativos. 22 obras no son todas las que me hubiese gustado ver (iría una vez por semana) 157 películas me parecen aceptables, pero no me “preocupan” como en otros años. ¿Los libros? Estoy conforme, pero el entusiasmo dura poco cuando recuerdo el motivo que hay detrás de esa avidez (me quedé sin uno de mis trabajos principales y el tiempo me ubicó en un espacio cada vez menos seguro y no pago).

¿Si contabilizar como sinónimo de conocimiento me parece mal por qué entonces empecé dando esas cifras? Porque como maravillosamente explican entre otras cosas Victor Guimarães y Lucía Requejo en su intercambio epistolar, Lucía Seles cree en el respeto por las obsesiones, porque ver dos de sus obras teatrales fue una de las experiencias estéticas más hermosas que viví en el 2023 y porque creo que le gustaría conocer mi colección de stickers de frutas y verduras enmarcadas. Que robé la de la rana en Londres no por la anécdota sino por el precio ridículo de la fruta en Europa, que mi favorita es la de Isla Bonita de melones paraguayos, que las manzanas y bananas son las que más variedad tienen y que me encantaría hablar con la persona que decidió poner a los personajes de Sanrio en las paltas chilenas. Si tiene algún tipo de conexión con el japonés que ostenta la colección más grande de Kittys. Y un poco comentar su desacierto porque la palta es muy poco kawaii.

El mayor coleccionista de la gata sin boca se llama Masao Gunji. Tiene 5250 objetos, pese a que el récord le aceptó 5169, porque tiene varias sin moñito. El hombre es policía y contó que verlas lo relajan del estrés laboral.

Hasta que cambiemos de estado
El 20 de enero Garoto3000 público “Indeleble” y marcó un punto que no se borró en todo el año. Esa canción me tuvo de rehén. Ahora, a casi un año de editada, mientras siento como la musculosa cubre la gota de sudor que con disciplina dibuja un camino recto por mi columna vertebral, la siento más nueva que antes. Ni el reggaeton más soez del 2023 (¿Los hubo?) equipara la sensación incendiaria de este tema. Apenas una de sus bondades: los cambios de beat, la letra (“Quiero que te empapes y me usés de trapo”) y el progreso sustancinal viajando hacia otra escena. Deshidratadas y hambrientas pero sin perder el ritmo del mambo. Garoto3000, mitad de Defensa (junto a Furio): espero ese disco se venga pronto.

Quiero revolcarme con vos

Fui a ver a Babasónicos después de muchos años. Recordé que hace 10 los vi y mandé una carta a modo reseña a la RS. La carta se publicó y me gané unos anteojos Infinit (que terminé regalando porque en esa época no me gustaban las gafas de sol). No me importaba el premio, pero tampoco sé cuál de los dos motivos me llevaron a enviar el texto: la posibilidad de colmar mis ganas de escribir (que en ese momento eran incompatibles con la idea de publicar en cualquier lado) o la postal de las adolescentes que preparon el número especial para “Putita”: se quedaron en corpiño mientras devoraban las galletitas de moda en ese momento (las Toddy). Claro, en el 2013 Babasónicos hacía un Vorterix y nadie exigía más, si hasta se podían comprar entradas en puerta ese mismo día. Hice valla sin esfuerzo alguno porque en el único riesgo en ese entonces era ser víctima de la embestida hipnótica de Dárgelos. Como agitadores en un medio conservador…

El sábado en el Campo Argentino de Polo la pasé bien, aunque me di cuenta de algo que en realidad ya sabía: las cosas demasiado perfectas me generan una comodidad que a la corta me aburren un poco. Creo que es la misma razón por la que no me gustaba el R&B si no tiene cierta vuelta, cuando no se ven fisuras me envuelve una sensación uniforme que me pierde. Es lo que me pasa con The Weeknd, por ejemplo. Entiendo que el hecho de que las canciones suenen en vivo igual que en estudio sea un logro, sinónimo de solidez artística, pero otra vez, encuentro esa falta de sorpresa verduga del asombro que pretendo en un espectáculo. También siento que por momentos el paso del tiempo (léase yo volviéndome más grande) me causa un efecto inverso: no quiero quedarme con lo ya conocido, no interactúo con esa nostalgia, necesito transitar lo nuevo. Lo pensé cuando anunciaron la fecha de Pulp, por ejemplo: me di cuenta que mi nostalgia es a corto plazo. Me dio absolutamente lo mismo ir a verlos, pero es muy probable que en 3 ó 4 años añore la música que estoy escuchando ahora.
La realidad argentina me talla los rasgos del rencor. La nostalgia de los precios puede ser la más asesina de todas. En otro momento ni lo hubiese marcado, pero me resultó hasta cínico tener que escuchar cantar “Quiero irme de compras sin mirar los precios”. Porque él sí puede, hace rato que puede.

Igual no sé, si vi a la perfección hecha ser humano de Caroline Polacheck y no sentí ni un ápice de aburrimiento, qué me hago.

Mi fin decadente online
Triste y Tropical nació como un newsletter para hablar de trap y este año el género terminó de decorar su epitafio. Uno bien discordante, como ver al Bananero dirigiendo una película de Erika Lust. Pero bien supe que la extinción del estilo sólo servía como una excusa para poder escribir, así que no me preocupó. Para sobrellevar todo lo lúgubre que tuvo el año vino el pop a squirtear con su luz refractaria.

Para evitar repetirme dejo links de algunas reseñas/entrevistas que se publicaron durante el año, la de Lucía Tacchetti y su FLAPS y la del BAM de Carrito (¡Vaya presentación en vivo de ese discazo!).
Pop de nueva vedette argentina (Lali), hyperpop metálico y podrido (Taichu), pop bebtoeado (Simona), autóctono (Feli Colina), cachondo, pero cachondo bien, no como si se usara la expresión por pudor a la literalidad del “caliente”; cachondo como lo pone a Jonás de Plastilina Mosh escuchar a un argentino decir vos en vez de decir tú, como cuenta en la reversión de “Suturno”, de las mezclas de Infame (obvio, la Six Sex), arrabalero (Mailén Pankonin), ochentoso (Fransia), fresco y fantástico (Faraonika), dosmilero y de estadio (Emilia), teatral (Vera Frod), pulenta (Fiah Miau), gótico y agónico (Ángel Placenta) ciberreina (Miss Romi), onírico (Anyi) o sádico (Juana Rozas). Elige tu propia perra (estas no se clonan).

10 discos de Brasil
Marina Sena — Vicio Inerente
DJ Arana — Rock Pesado 2
DJs Di Guetto — DJs Di Guetto
Ana Frango Elétrico — Me Chama De Gato Que Eu Sou Sua
DJ RaMeMes (O DESTRUIDOR DO FUNK) — Sem Limites
Luiza Lian — 7 Estrelas I quem arrancou o céu?
N.I.N.A — Para Todos Garotos que já Mamei
Mia Badgyal — EMERGÊNCIA
Urias — HER MIND
Tropa do Bruxo — Baile do Bruxo
Bonus track (EP): BADSISTA — GUETO CLUB

12 discos con títulos de oraciones (una debilidad personal que puede llegar a funcionar como único argumento para que me interese por un artista)

Yves Tumor — Praise A Lord Who Chews But Which Does Not Consume, (Or Simply, Hot Between Worlds)

Caroline Polachek — Desire, I Want to turn Into you

Alice Longyu Gao — Let’s hope heteros fail, learn and retire

TYGAPAW — Love has never been a popular movement

Dano — El hombre hace planes, Dios se ríe (disco que no me gustó, tiene un par de temas — nada como “Santo Grial” — pero se va desinflando con el correr del tiempo, sobre todo por el chiste sobre la postergación crónica del lanzamiento del álbum, que es un concepto que a la segunda transición ya pierde el sentido). Tremendos beats, impecablemente producido (para sorpresa de nadie) pero después de tantos años (y justamente, el tiempo abultando el mito mejor que cualquier recurso humorístico) y post Istmo, queda bastantes peldaños por debajo de las expectativas.

Anohni — My back was a bridge for you to cross

Diego Raposo — YO NO ERA ASÍ PERO DE AHORA EN ADELANTE, SÍ

Bonnie Prince Billy — Keeping secrets will destroy you

Chappell Roan — The Rise and Fall of a Midwest Princess

King Gizzard & the Lizard Wizard — PetroDragonic Apocalypse; or, Dawn of Eternal Night: An Annihilation of Planet Earth and the Beginning of Merciless Damnation (jamás escuché esta banda y dudo que lo haga pero mis respetos por este nivel de ficción).

Lana del Rey — Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd

James Holden — Imagine This Is A High Dimensional Space Of All Possibilities

Entre amuletos pegada al sol

El último show de mi año fue el de Mailén Pankonin, a quien le dediqué la edición anterior. Ella se presentó en varios lugares estos últimos meses, pero eran fechas compartidas, y en general salvo que se trate de un festival, prefiero ir a ver a los artistas por separado. Lo había dado por perdido pero finalmente se presentó en Moria, una galería que encima queda muy cerca de mi casa. Mientras espero escucho que alguien dice “Quiero trabajar sólo con gente que admiro”. Primero pienso que es una frase que tiene sentido en el contexto del arte. Después agrego que arte es sobrevivir en estos tiempos y pensar en arte hoy en día es tanto un acto romántico como de resistencia. La misma persona que dijo eso me pregunta si tengo fuego. Su consulta y mi negativa terminan cortando mis ideas. Qué lindo el aire fresco que viene del balcón.

Me encantó ver a Mailén (y al capo de Peta Berardi) en vivo. Estaba prácticamente al lado, aunque con la suficientemente distancia como para no llegar a leer la lista de canciones (soy medio chicata, la verdad no estaba nada lejos). Eso me gustaba porque no quería adelantarme a lo que venía. “Billetes” no estaba en esa lista al parecer, pero ella dijo “más que nunca la vamos a cantar” (o algo así). No perdió entusiasmo por olvidarse la letra, si total todes la cantábamos a los gritos.

“Según mi experiencia, las emociones no pueden describirse con una sola palabra. “Tristeza”, “alegría”, “remordimiento”, esos términos no me dicen nada. La mejor prueba de que el lenguaje es patriarcal quizá sea que simplifica demasiado los sentimientos. Me gustaría tener a mi disposición emociones híbridas, complejas, construcciones germánicas encadenadas, como “la felicidad presente en la desgracia”. O esta otra “la decepción de acostarse con las propias fantasías”. Me gustaría mostrar la relación entre “el presentimiento de la muerte suscitado por los ancianos de la familia” y “el odio por los espejos que se inicia en la madurez”. Me gustaría hablar de “la tristeza inspirada por los restaurantes malogrados”, así como de “la emoción de conseguir una habitación con minibar”. Nunca he encontrado palabras adecuadas para describir mi propia vida, y ahora que ya he entrado en mi historia, es cuando más la necesito. Ya no me puedo quedar sentado a ver lo que pasa. A partir de ahora, todo lo que cuente estará teñido de la experiencia subjetiva de formar parte de los acontecimientos. Aquí es donde mi historia se divide, se escinde, sufre una meiosis. Noto más el peso del mundo, ahora que formo parte de él. Hablo de vendajes y algodón hidrófilo, del olor a moho de los cines, de los asquerosos gatos y sus malolientes cajas de arena, de la lluvia cuando salpica el polvo de la acera y los viejos italianos meten dentro la silla plegable. Hasta ahora no ha sido mi mundo. Mi América. Pero aquí estamos, al fin.”
Jeffrey Eugenides — Middlesex

Hace poco le pregunté a mi hermana cuál había sido para ella la vez que peor estuvimos económicamente en nuestra familia. Enseguida me dijo que se acordaba de una secuencia específica: cuando yo tendría dos años y mi papá me tuvo que llevar a upa corriendo al hospital porque no tenía para el boleto del bondi. No le pregunté si eso pasó muchas veces (era asmática y mis crisis de bronco espasmo eran frecuentes). Por supuesto no tengo registro de eso, pero si cierro los ojos puedo describir de memoria el cuadro de Bambi que decoraba la salita, como esos objetos pretendidamente infantiles que colocan en lugares donde les niñes menos deberían entender. Distracciones estéticas para soluciones prácticas, como las nebulizaciones con oxígeno que recibía. Esto fue a principio de los ’90, ya hace más de 15 años que no uso bronco dilatadores y mi viejo tampoco está para renegar ante esta realidad siniestra que nos rodea. Menos mal.

Final del intervalo golpe bajo. Como decía, fue para mí el año del pop. Dice Ale Sergi que “el pop es claridad”, en relación a las determinaciones que tomaron como banda cuando empezaron. Sergi sabía desde el principio que se trataba de dos elementos fundamentales: la música y la imagen. Por eso, cuando se mandaron a distribuir sus primeras canciones, necesitaban sí o sí fotos que completen el sentido, para que la gente asocie que esos temas los hacían estas personas. Que Miranda! tenía un sonido y una apariencia propias. Mirá si no va a ser la banda pop más convocante. Escuchar a Sergi es hermoso porque va largando todo lo que sabe con una sencillez admirable y con el despojo de un amigo que te quiere compartir un consejo.

A contramano de esa postura pienso bastante en los ***creadores de contenido*** de internet, en particular quienes se valen de la música para buscar vistas. Es muy evidente como la mayoría a)No tiene observaciones propias, sólo reproduce lo que está viendo en la pantalla y por eso es festejado/criticado b)Su interés real radica en volverse un personaje reconocible en internet que en analizar un disco o canción en particular, contrastar opiniones, o cualquier dinámica que justifique ese intercambio virtual. Quieren ser famosos y se esfuerzan en salir más pimpeados que los propios artistas que entrevistan. ¡Si serán fantoches que hasta ellos mismos reclaman una nota como protagonistas! (*momento simbólico de sostener un tape en la mano, Ventura realness*) Oh casualidad son todos chabones entrenados para sobarse el lomo entre sí ante cada nuevo post. Conozco a una sola chica que reseña discos en YouTube pero hace ya unos años que dejó de actualizar su canal. Sé que hay varias que ocasionalmente dediquen espacio a hablar de música, pero me refiero a tematizar exclusivamente.

La noche helada del otro país

Después de muchos años, el reggaeton no fue mi sonido más abarcativo. No hubo ningún himno ni puedo identificar un álbum que haya dejado marca. Producciones intrascendentes a rolete, como los dos de Mike Towers (a falta de uno hizo DOS discos pésimos, con dolor siendo que si Easy money baby es uno de los mejores álbumes del género de esta década), o el de Feid, o Mora. Ok, está el DATA de Tainy, el productor prodigio. El que a los 16 andaba en Mercedes. Admiro la exploración pero no llegó a satisfacerme (la mejor decisión fue sin duda sumar “Colmillo”, canción que se estrenó después del lanzamiento del álbum, al tracklist oficial, notoriamente el mejor tema de su proyecto).

El disco de Bad Bunny es aburrido. Tengo dos temas en repeat (“Baticano” y “Perro negro”) que en un disco de hora y pico no es ni limosna. Su conversión al ídolo 360° me provoca rechazo y desinterés. Porque no, a mi tampoco me gustó Un verano sin ti y eso que que banco EUTDM, disco que entiendo es el menos apreciado por el público.

En una entrevista reciente que le hicieron a Árcangel, contó que hace unos años se juntó con Benito y Daddy Yankee porque estaban por grabar el remix de una canción. Y el Conejo le dijo a Arca “ustedes dos son leyendas, y yo no voy a hacer eso, yo quiero ser otra cosa”. ¿Qué es eso que perseguía? ¿Un latino arrepentido? ¿Un ídolo patriótico que saborea la perfo del romance secreto mientras encara la escena más incómoda de los videoclips del mainstream 2023 con Al Pacino sólo para demostrar que es capaz de castear al mismísimo Sonny Wortzik? Me perdí entre el bostezo.

Así como el protagonismo de Coghlan en Farsanta, el fantástico disco de Faraonika, el rol de los productores sigue avanzando. De ese mismo modo equiparado en los créditos puede verse a Bizarrap en el EP de Milo J, En dormir sin Madrid (donde incluso aparece antes que el cantante). Pero también sacaron discos Evlay, ORO0600 y hasta Karne Palta, quien supo ser el diseñador fetiche del trap argentino (sí, te robé el título, Lucas).

No hay trap hace rato. Billboard llama a Duki rockstar e Ysy en su primavera de noviembre compartió un disco que podría haber sido genial y por momentos parece hecho por un tiktoker random que quiere imitarlo. Me había entusiasmado cuando supe que la apuesta era electrónica, la frase que da título al disco es una de las que más me gusta y las bases anfeteosas a Alejo lo alteran como ninguna otra cosa. Ejemplos de eso son los temazos de “Casi un G” o Rola rola”. Pero esta vez la idea no es más que eso. El after del after suena trucho, pero en el peor de los sentidos posibles. Eso puede pasar cuando el reconocimiento de la propia historia no te basta y querés someter el talento a algo práctico, como un trabajo sistemático. Estuvo bien el jueguito del 11/11, pero quizás sea hora de parar.

El espacio del trap lo tomó con muchas ganas el pop. Ojo, de algún modo hubiese encontrado su hueco sino, si algo es promiscuo el atorrante. Emilia se hizo del álbum mainstream que tenía que salir (personalmente sin esos últimos tres temas lentos, .mp3 sería un 10).

Mi playlist anual y el patchwork de discos que construyó mi vida sonora:

Mi deseo musical 2024: Isabella Lovestory en Deseo (valga la redundancia, bebé).

Mi deseo 2: que el pop argentino se siga elevando hasta el VIP del paraíso, enviciados de confort criollo, que de la mano de hiper Coghlan remix (y de Matt Montero, Violeta Castillo, Ceretti, Fermin, GABA, Cornuda Posting, JERE, C-S4R, Fantasy Dinasty, Niki Rouge, Yajaira La Beyaca, etc.) todes la vuelta vamos a dar. Que se venga lo que sigue, si es con música sabremos cómo hacerle frente. Cuídense.

Mi deseo 3: varios a título personal (tantos otros a colectivo), pero ya me expuse demasiado (¿Para qué es un newsletter si no es para pelar a vivo el propio corazón, quitándole el coto que se agrega en las notas que escribe por trabajo?) y además los deseos no se dicen.

Hace tiempo dejé de dedicar estos envíos, pero quiero hacerlo. Homenaje a Chihi, mi gatita de oro que fue astuta y quiso irse de este mundo antes de las elecciones. Te extraño un montón, ronronera.

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